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Heredad de la Cueste
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Tercera y Cuarta semana: Aragón y Cataluña
domingo, 03 octubre 2010
Escrito por:
Amandine Categoría: Crónicas    Escrito desde L´Escala

   
  Con un poco de retraso, pero aquí tenemos una nueva crónica de nuestro viaje.
   
 

Empezaré esta crónica pidiendo disculpas por el retraso de la publicación; la verdad es que hemos pasado los últimos días en parques naturales y no siempre teníamos la oportunidad de una buena conexión internet;  además, después de andar una media de unas 8 horas al día, no había ya energía como para ponerse delante del ordenador…

El último sitio dónde os dejamos, hace entonces dos semanas, fue el desierto de las Bardenas Reales; un lugar extraño y hermoso. Estuvimos recorriendo la zona durante unos días, pateando bastante y durmiendo en la furgoneta unas cuantas noches. Conclusión, cuando llegamos a la recepción del  hotel “Los Girasoles” en el centro de Zaragoza y nos recibió Sonia, su encantadora directora, nos miró con una cara algo sospechosa, y con razón. Tras explicarle nuestro proyecto y enseñarle nuestro trabajo, ella nos confesó que “al principio pensé que erais unos mochileros que buscaban viajar gratis por España” y nos proporcionó un apartamento durante unos días. Nos vino muy bien para descansar, posar la maleta, volver a usar utensilios de cocina, poner una lavadora (esto, más que un placer, ¡era una urgente necesidad!) y tuvimos además la oportunidad de disfrutar de las bellas vistas de la terraza del hotel  y de sus instalaciones. Hasta interpreté de “cliente-modelo” para unas  fotos del hotel!


Disfrutando de la cena y las vistas en el hotel Los Girasoles, donde pasamos 4 estupendos días.

En el SPA del Hotel Real Ciudad de Zaragoza


Esta “base” en el mismísimo centro nos permitió descubrir Zaragozay visitar las tres maravillas que teníamos previstas allí: el Palacio de la Aljafería, un extraordinario ejemplo del arte mudéjar-aragonés; el Pabellón-Puente construido durante la Expo-Zaragoza 2008 (que por cierto, está cerrado durante la mayor parte del tiempo y parece tener una función más estética que útil); y la Basílica del Pilar, uno de los más importantes centros de peregrinación de la cristiandad (con dos torres en actual restauración, pero muy bonito igualmente).


El Pabellón Puente, construído con motivo de la Expo del Agua en Zaragoza.


Foto de la Basílica del Pilar con el río Ebro en primer plano.


Exteriores e interior del Palacio de la Aljafería.


Dejamos Zaragoza para ir hasta otro lugar verdaderamente impresionante: los Mallos de Riglos. Para los que aún no estuvieron allí, os lo recomiendo muchísimo; es un paisaje de increíble belleza, formado por enormes picos rocosos de color rojo-anaranjado, encima de los cuales vuelan decenas de buitres gigantes y quebrantahuesos. Se aprecian desde lejos, en varios pueblos de los alrededores, pero hay que ir hasta el pueblecito de Riglos para contemplarlos en toda su majestuosidad: ¡es única la sensación de estar debajo de un Mallo!


Mallos de Riglos, sencillamente espectacular.

Cerca de allí, visitamos el Castillo de Loarre, una fortaleza románica algo difícil de visualizar desde lejos ya que está completamente mimetizada en la roca que la sostiene. De importantes dimensiones, este castillo es un raro ejemplo de fortificación del románico tan bien conservado en Europa.  


Puesta de sol en el Castillo de Loarre.

Las siguientes paradas fueron en Alquezar, un pueblo al conjunto histórico-artístico de cuentos de hadas en un entorno magnífico (cañones, montañas y pozas de agua cristalina), y Aínsa, cuyo centro con su bella plaza porticada te lleva a la Edad Media. Allí nos alojamos en el Hotel Villa Románica, en una habitación con extraordinarias vistas al Pirineo.


Alquézar, no sólo un bonito pueblo, también su entorno es impresionante (aunque el agua un poco fría)

Después de Aínsa, empezamos a descubrir el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, una maravilla de la naturaleza que nos dejó sin palabras (también porque la famosa subida de la ruta de “los cazadores” nos dejó sin aliento, y ¡no es una metáfora!). Los colores del otoño empezaban ya a notarse en algunas plantas, aunque sólo están al principio de su transformación otoñal. Contemplamos cañones, saltos de agua y cascadas, profundos valles y praderas.



Parque Nacional de Ordesa, imprescindible para cualquier amante de la naturaleza.

Los siguientes días seguimos descubriendo el Pirineo en su parte catalana, con el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany De Sant Maurici; bastante diferente del de Ordesa pero igual de hermoso. Durante estos días de senderismo por los dos parques, encontramos gente de una ejemplar hospitalidad que, con inmediata confianza y buena disposición, nos propuso quedarnos allí. Y la verdad que nos vino estupendamente, ya que de noche había una temperatura de exactamente 0 grados y nuestra furgoneta no tiene chimenea… Gracias a los dueños del Hotel Bujaruelo de Torla, a  Carlos de los Apartaments Arenys de Boí , y a la dueña de la Pensió Sant Climent de Taül.


Parque Nacional de Aigüestortes i Estany De Sant Maurici, donde podremos disfrutar de la vista de más de 200 lagos.

Allí en la Vall de Boí, aprovechamos para visitar algunas de las iglesias románicas, cuyo conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. De similar estructura, con un elegante campanario, y utilizando los mismos materiales, estos pequeños santuarios se sitúan en unos entornos naturales encantadores, y entrando en algunos de ellos, como en el de Sant Clement, se pueden observar unos hermosos frescos policromados.


Fresco de la cúpula de la Iglesia de Sant Climent de Taül.

De allí continuamos camino por Cataluña, parando en el pueblo de Besalú con su impresionante puente medieval, para llegar hasta Cadaqués y el Cap de Creus, punto más al Este de la Península Iberica. El lugar que inspiró Dalí y otros muchos pintores y artistas actuales tiene una luz especial y transmite una bella sensación de paz. Elegimos pasar la noche en el mismo Cap, para contemplar las estrellas y luego ser los primeros de toda España al ver amanecer el sol; y fue un espectáculo! Un saludo especial a Miquel, por su juiciosa elección de la piedra perfecta dónde disfrutar de las vistas, y por su calurosa amabilidad.


Puente medieval en Besalú, pueblo en el que destaca además su barrio judío.


Nuestro alojamiento en Cap de Creus, bajo un cielo espectacular.


Cadaqués, uno de los pueblos más bonitos de la costa Catalana.


Junto a Miguel y Paolo, con quienes compartimos una interesante charla rodeados de un entorno privilegiado.

Esta crónica termina allí, en el Finisterrae Este de España, con estas dos increíbles semanas suplementarias de viaje. Vamos sumando experiencias, descubrimientos y sorpresas, y la verdad es que en este mes que llevamos de ruta, ya hemos recibido y regalado miles de sonrisas, que ilustran lo bueno que fue… Y ahora rumbo al Sur!

 

 
 
 
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